Toztli de Dios | Manuel Estrella

EL PESO QUE EJERCE UN CUERPO
Esculpir una piedra: un cuerpo, una piedra, una mirada, unas manos, un peso, el peso de la piedra, una herramienta, un golpe seco. Pensar esta lista, como cualquier otra lista —en la mía hay: materia, fricción, volumen—, sin adjetivos de más; porque al final, cuando los ingredientes se cruzan en la mesa, ocurre el acontecimiento. Esculpir es bailar, esculpir es tocar un instrumento, esculpir es escuchar al otro, abrazar su cuerpo, cargar y dejarse cargar. Un estar radical en el presente.
Partiendo de esta noción material y expansiva —donde el cuerpo opera con la densidad de la tierra y la carne, sintonizando con esa intuición de que el espacio no se mira desde fuera, sino que se toca y se padece con el peso de las cosas—, el proyecto se despliega en dos video-performances concebidas desde registros opuestos:
I. El día
Un ejercicio donde la edición opera como un cincel. Se trata de experimentar de forma creativa para esculpir una secuencia de imágenes y arrancarles una narrativa visual que obedezca a su propia lógica interna. Aquí se cruzan capas de acción: una piedra esculpida, la escultora esculpiendo una coreografía que es tallada por la mirada del otro, y un tejido sonoro que surge como respuesta a la escultura construida colectivamente.
II. La noche
Continuando el gesto de las manos que transforman, este segundo ejercicio activa un dispositivo lúdico donde la vibración y el sonido modifican bloques de piedra desde la sombra, el símbolo y la resonancia. La voz opera aquí como un texto densificado; una presencia que emite un peso sonoro y textual capaz de afectar las acciones. Es un cuerpo ejerciendo su fuerza para empujar aquello que yace al otro lado de la carretera: el umbral de la transformación.
EL PESO QUE EJERCE UN CUERPO I
EL PESO QUE EJERCE UN CUERPO II
MATERIAL EN DIÁLOGO